Todo listo para renovar la fe en el Gauchito Gil
Para este jueves 8 de enero, como ocurre todos los años, se espera que el santuario del Gauchito Gil a la vera de la ruta nacional 11, a pocos kilómetros al sur de la ciudad capital, se renueven los gestos de devoción y fe en el popular Santo de una multitud de formoseños.
Todo estaba listo en el lugar para recibir a los que irán a agradecer o prometer a cambio de ayuda, como sucede todos los años en esta fecha, donde en medio de una profunda emoción, los devotos que el Gauchito Gil tiene en la Región celebraron hoy su día, festejo que en todo el país reúne a multitudes. Se renovara una muestra de devoción, más allá que no es reconocido oficialmente por la Iglesia Católica, y sin embargo es uno de los más populares de estos tiempos.
Con música de fondo, en especial chamamé, los seguidores comenzaron a llegar desde anoche para participar de todo el programa de celebración. Velas, cigarrillos o botellas de vino fue lo que la gente más lleva como ofrenda para el Gauchito Antonio Gil, que nació en Corrientes y murió en 1878, por lo que se evoca su 139 aniversario del fallecimiento.
Ya el martes tuvo inicio el programa de evocación con una serenata en el kilómetro 1165 de la ruta nacional, contigua al barrio Villa del Carmen, prosiguiendo los encuentros que este jueves tendrán su pico máximo, con las ofrendas y sapucais en un ambiente donde el rojo predomina a partir de lo que sostienen algunos acerca de que esto tiene que ver con su filiación con los federales que lo expresaba con su pañuelo del mismo color; para otros, por la sangre derramada de un inocente.
La historia
Antonio Mamerto Gil fue un gaucho perseguido por las autoridades que lo señalaban como desertor, algo de lo que no había dudas, dado que se había negado a seguir formando parte de Ejército de Bartolomé Mitre a la vuelta de la Guerra contra el Paraguay; pero también de ladrón, acusación que en cambio sí es rechazada por sus fieles, quienes aseguran que `el Gauchito` le quitaba a los que tenían de más para darle un poco a los que no tenían nada.
Segundos antes de morir, el 8 de enero de 1878, Antonio Gil le aseguró a su verdugo que si antes de volver a su casa rezaba por él, su hijo enfermo terminal se curaría, cosa que finalmente sucedió.
Ese milagro fue la piedra basal de una serie interminable de acciones atribuidas al gaucho, desde donde se edificó un fenómeno de religiosidad popular que durante décadas se mantuvo casi en secreto por los desposeídos que sostuvieron la llama del mito, y que en los últimos años alcanzó una masividad que llegó a las ciudades y ya no distingue clases sociales ni barreras de ningún tipo.
