Cuentos fontanenses de terror y misterio
Walter Manuel Benítez, con 33 años siempre fue un hijo de la localidad de Comandante Fontana muy inquieto. Actor y director de teatro, con incursiones en el cine, fue responsable del área cultural del municipio. En plena pandemia concluyó «Cuentos de fogón, terror del pueblo», un libro con siete relatos de miedo que tardó años en nacer, inaugurando el género, todo hecho por manos, mente y alma fontanense.
«Son 7 cuentos porque en los pueblos; y en el mundo, ese numero tiene un valor, un espacio mitológico, religioso, mágico. Séptimo hermano lobizón, séptima hermana bruja, 7 cruces, «perdonarás 70 veces 7″ dice la Biblia, 7 pecados capitales, siempre hay 7 en cada relato», explicó.
Página a página se refleja la mansedumbre ambiental de un pueblo del interior provincial, con el color del paisaje, el lenguaje, el mate amargo, la torta frita, el rancho estaqueo de palma con barro y paja, la picada recorrida por el buey viejo que iba tirando un suplicante carro, cuando el fogón se prendía para que, luego de la oración, a las 7 de la tarde, el abuelo bebiera la infusión inspiradora de cuentos centenarios, heredados de tiempos inmemoriales, para contar a los «mitaís».
«Soy integrante del grupo de teatro Arlequín, estaba dirigiendo aunque ahora esta todo parado. Es la primera vez que incursiono en esto de la literatura, siempre me gustó. Ahora estamos en la etapa de presentación y luego ver lugares de allá, de capital, donde poder exponerlos. Vamos a ver como funciona», apuntó con la humildad característica de nuestro pueblo.
Con el mundo convulsionado, en la soledad de tu habitación, tendrás que elegir entre matar un tiempo que no pasa, con ruidos repetidos de la ciudad, mirando una comercial y plástica serie de Netflix; o aceptar las 7 invitaciones de un «Manu mitaí cabezudo», a recorrer las picadas oscuras del invierno en el monte formoseño, desobedeciendo a las abuelas, enfrentando la posibilidad de descubrir un Fontana misterioso, infraterreno, oscuro; en un viaje al temor atávico de tus ancestros, a tus propios y recónditos miedos.
